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Articles sobre literatura escrits pels amics de la llibreria Món de Llibres.

Tao Te Ching. El libro clásico de la sabiduría china.

FAUSTO | 26 Juny, 2008 08:00

El Tao que se puede expresar con palabras
No es el Tao.
El Nombre que se puede pronunciar
No es el Nombre.

Vinicius de Moraes y Tom Jobim, a pesar del calor y de las bebidas apropiadas, redujeron la existencia humana a una frase inquietante.

“La tristeza no tiene fin / la felicidad sí”.

Sófocles, no harto de guerras ni de disputas palaciegas, vivió, fuerte y sano, hasta los noventa años.
“El peor pecado del hombre no ha sido nacer / sino seguir viviendo”, dijo, y se bebió de un trago el vino espesado con miel que tanto le gustaba.
En otras palabras: pecar consiste en no suicidarse.
¿Puede alguien que no esté desahuciado o cuyo cerebro esté suficientemente irrigado, elegir conscientemente la muerte?
No evitemos pensar que Sócrates eligió la opción equivocada.
La otra opción no era mala.
El exilio es una liberación y una oportunidad de supervivencia.
Una nueva asimilación.
Recuerden que las especies más adaptadas son las que tienen menor probabilidad de supervivencia.
¿Sobrevivir o morir voluntariamente?
Cioran transformando como un alquimista oscuro el frío de la existencia en el caliente refugio del sarcasmo.
Al azar:
 
“Vivo únicamente porque puedo morir cuando quiera. Sin la idea del suicidio, hace tiempo que me hubiera matado”.

Vivió ochenta y cuatro años.
Otra frase anula lo anterior.

“Si creemos tan ingenuamente en las ideas es porque olvidamos que han sido concebidas por mamíferos”.

Vale.
Y eso que todavía no hemos mencionado al Japón y su tendencia morbosa a la muerte violenta.
Pero es diferente.
Aprendieron de los chinos y de los hindués que las emociones son meros impulsos inconsistentes.
Que fuerzas superiores a la más extrema clarividencia humana nos gobiernan y que lo único que se puede hacer es no resistirse al misterioso devenir de todo lo que sucede simultáneamente en el Universo
"Dejarse arrastrar por la marea".
Vista así “la resignación” es una estrategia de salvación y no una renuncia a la libertad y la guerra.
Superficialmente entendida, el rechazo a la resignación alentó brotes adolescentes.
De ahí la búsqueda del peligro, del emocionalismo radical.
Occidente busca la espontaneidad entregándose a la furia de los neurotransmisores.
Oriente busca la espontaneidad por medio del absoluto control de toda sinapsis.
Un ropit choca contra el cristal de la ventana.
Algunas plumas quedan adheridas a la superficie.
Pegadas por una especie de saliva que no es saliva.
Enseguida la perra le arranca la cabeza y, con calma, luego de tragar, comienza a chupar el cuellito quebrado.
¿Imaginas la cabeza tronchada de alguno de tus hijos chupada con deleite por un depredador?
¿Y el Yo?
¿Y ése que era “el ropit “o “mi hijo”, dónde está?
¿Es devorado junto al cerebro y toda la casquería?
¿Están el sentimiento y la razón colgados junto a los despojos?
No existen respuestas a las preguntas mal formuladas.
Es un axioma importante.
Nos impulsa al silencio o a la música.
O a una tercera opción.
Aprovechar la ola de incertidumbre para jugar.
La mística perfecta.
Surf.

Gabriel Bertotti

 
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