Administrar

Articles sobre literatura escrits pels amics de la llibreria Món de Llibres.

Dissabte. Quan es trenca la placidesa del segle XXI

FAUSTO | 30 Octubre, 2008 08:00

Poca cosa queda ja de l'Ian McEwan (Aldershot, 1948) que, a finals dels setanta, escandalitzava els carques britànics amb els seus pertorbadors relats carregats de perversió, cruesa i sexe. L’autor incorrecte i marginal de ”Entre els llençols” de mica en mica s’ha deixat engolir per la voraç maquinària de l’establishment literari i, la veritat, no li ha anat del tot malament.

L’èxit colossal de crítica i de vendes aconseguit, primer, amb “Amsterdam” (1998) i, després, amb “Expiació” (2001) el consagrà no només com el primer escriptor de la seva generació sinó com un dels millors escriptors contemporanis, i el col.locà en el punt de mira de l’escumosa intel.lectualitat occidental.

Dissabte”, novel.la publicada el 2005 i que gaudí d’un desplegament promocional sense precedents, és una mostra més de la mestria que ha assolit McEwan com a narrador. En “Dissabte” no hi ha accidents, no hi ha res que sobri; tot és exacte i cercat. L’estil discret i directe, les escenes escrupolosament elaborades, l’argument cuidat i net d’estridències confirmen el domini absolut de l’ofici que té McEwan.

La història de “Dissabte” transcorre a Londres el 15 de febrer de 2003, dia de les grans manifestacions pacifistes del “No a la guerra”. En Henry Perowne, un neurocirurgià eminent, amb una família envejable i una existència feliç i sense problemes, veurà com la seva vida sofrirà un trasbals brutal i terrorífic en menys de 24 hores.

A través dels esdeveniments que li succeeixen a en Henry al llarg d’aquest dia D es va desgranant tot allò que pensa sobre el món i els anys que li ha tocat viure. No podem desferrar-nos d’ell en tot el llibre: o bé estam dins el seu cap, amb els seus pensaments amarats de ciència i racionalitat, o bé entorn seu observant allò que li passa.

Un dels majors encerts de McEwan és que fa aparèixer nous personatges tot d’una que nota que el ritme de la novel.la s’alenteix en excés. L’arribada a casa de na Daisy, la filla d’en Henry, convertida en jove aspirant a poetessa, és una explosió de nervi i de força que revifa de manera espectacular la trama. L’acalorada discussió que mantenen els dos sobre la conveniència o no d’atacar Iraq és, sense cap dubte, un dels moments més memorables i aconseguits del llibre.

Un detall curiós del llibre és quan McEwan expressa el seu agraïment als neurocirurgians i anestesistes als quals va observar treballar durant dos anys en distints hospitals de Londres. Només per la magistral i estèticament insuperable descripció d’una operació de cervell que hi ha a la part final de la novel.la ja paga la pena llegir-la.

“Dissabte” és, en definitiva, una reflexió sobre el preu a pagar per la llibertat i sobre la felicitat possible dins una societat hiperactiva i revolucionada, ara reivindicativa, adés angoixada i manipulada. De ben segur que aquesta novel.la sabrà envellir i, amb el pas dels temps, es convertirà en testimoni de la convulsió política i social de principis de segle XXI.

Tomàs Bosch

Philip K. Dick y Realidad

FAUSTO | 23 Octubre, 2008 07:00

Ante sus ojos el bosque sombrío; la posibilidad de los lobos.
En su mente, el desierto y la sospecha del león.
Detrás, la aldea, el arado y la cerveza.
En su corazón el sano miedo. Y la extraña energía del deseo.
Dar un paso y entrar al bosque, las manos desnudas, los pies calientes, la cabeza fría. Atrás, los que nunca salieron, los que aceptaron el anatema:
¡No avanzar!
Arriesgar la vida para saber.
Detrás la gente comenta, anula la acción del que se fue con comentarios jocosos, tristes bromas que encubren la árida desazón cotidiana. Siempre lo mismo, a excepción de la enfermedad y el dolor.
Mientras tanto, en el bosque, el musgo y la ausencia de luz son un peligro para la respiración, que anhela un guía, un sendero peligroso por el que atravesar la masa verdinegra. Pero los que antes se atrevieron a entrar no dejaron marcas.
Al tiempo, cuando todos habían olvidado la partida, alguien surge del bosque.
Pocos lo reconocen y todos le temen.
“Ha regresado”, dicen las comadres, “Pero es otro”.
Y así, el que supera el terror y vuelve, no es el mismo que había partido, inocente y entusiasta.
Y si algo ha aprendido no exhibirá ninguna grosera muestra de coraje: matará al lobo o al león, pero no traerá su piel como trofeo, y sabrá asumir la diferencia que le estipulan las miradas y los silencios.
Si no, si muestra heridas y triunfos, será temido y esquivado, y será para todos, maldito.
El valor sin pudor genera sentimientos mezquinos.
El elegante, el elegido por la bondad del universo, se hace anónimo, ha muerto y ha renacido, ha ido y ha vuelto, su acción es invisible, sus palabras de fuego.
Así cantaba la voz del bosque, William Blake:

    “El rugido de los leones, el aullido de los lobos, la cólera del mar tempestuoso y la espada destructora son porciones de eternidad demasiado grandes para el ojo del hombre”.

“Tonterías”, piensa la mujer que renunció a entrar al bosque y que aceptó cargas y paciencia.  A veces, cuando todos duermen, recuerda con alegría el gesto sereno de la hermana que se atrevió a partir. Para los demás no fue ni maldita ni arriesgada, fue simplemente ignorada; no mencionarla era anular el precedente.

Así cantaba la voz del bosque:

"Lubricidad del chivo, generosidad de Dios.
La cólera del león es la sabiduría de Dios
La desnudez de la mujer es la obra de Dios”
.

¿Seremos alguna vez tan valientes como para asumir el conocimiento que nos cambiará para siempre, alejándonos de los demás?
¿Aceptaremos nuestro rostro verdadero?
Ya no hay bosques vírgenes, ya no hay lobos, sin embargo quedan ciertos libros, más peligrosos aún que el bosque negro.
Libros escritos por los que hacen del desierto o de la espesura su hogar, y nos esperan junto a una fogata, para secar nuestro temor, para aliviar la fiebre pura y enseñarnos a llevar con dignidad las verdaderas consecuencias del conocimiento: egolatría o humildad.
El conocimiento del que hablamos no tiene nada que ver con cultura o erudición.
Más bien éstas son como un perfume que emiten tanto el ególatra como el humilde. El del primero tan fuerte que impide respirar, el del segundo semejante a la brisa que aligera el aire cargado.
Pero, qué conocimiento puede aportar la literatura; ese acto de comunicación en silencio.
El silencio del desierto.
Y a lo lejos, el rugido del león.
¿O acaso no hay ciertas frases que  nos hacen abandonar por un instante la lectura como si hubiéramos intuido una presencia inquietante?
Alguien sentado junto a un fuego en medio del bosque o en la inmensidad del vacío, que nos invita a calentarnos y nos cuenta una historia.
Cuando retornemos a la aldea habremos aprendido nuestro nombre verdadero. A veces tan resplandeciente como el fuego que transformó a Quijada o Quesada en Don Quijote.
¿Se puede ver demasiada luz sin perder la razón?
Sólo hay una manera de saberlo.
Abriendo el libro.
Dejemos atrás la confortable y repetitiva seguridad de ciertos libros y demos un paso hacia el camino de nuestro mayor temor. Allí, junto a un alucinógeno fuego verde, tal vez nos espere Philip K. Dick. Un supuesto escritor de género (ciencia ficción) que se ocupa de universos posibles y realidades alternativas de una manera simple y popular.
¿Y si la verdad no fuera ni tan simple ni tan popular?
¿Y si Dick fuera el hombre sabio, a la manera de un William Blake contemporáneo, estragado por las visiones y el conocimiento, que elige humildemente enseñarnos a mirar sin meternos el dedo en el ojo?
Dejándonos espacio en su obra para sentirnos definitivamente cómodos en terra incognita, una geografía y un lenguaje conocidos, pero que se refieren a algo en lo que nunca antes habíamos pensado y de lo que nada sabíamos.
El mundo de Dick es aquel en el que la frase de Piglia , “¡También los paranoicos tienen enemigos!”, se hace realidad.
¿Realidad
¿Y si el bosque, la hoguera, el desierto y el rugido del león fueran alucinaciones producidas por una droga?
¿Y si yo no soy yo sino otro, con otra vida y conciencia, suspendidas por el lapso de tiempo que dura la ilusión que creo verdadera?
¿Verdadera
¿Y si la lógica que rige este mundo fuera la generada por el líquido que se toma Alicia?
¿La voz que escucho dentro de la cabeza mientras leo es la mía?
Y a fin de cuentas, ¿quién o qué soy yo realmente?
Junto a los últimos rescoldos de la última hoguera, Dick nos dice:

“Tú y los demás estáis muertos. Yo vivo”.

Entonces escucho el rugido del león.

Gabriel Bertotti

S'estimaren. Josep Mª Llompart

FAUSTO | 19 Octubre, 2008 14:01

S’estimaren; saberen
la urgència del sexe, com les venes
poden en un moment omplir-se d’aigua
salobre, de sol d’estiu, de peixos
saltadors.

             S’amagaven
per la nit del pinar o per les tèbies
raconades de l’ombra.
Sentien, lassos,
la remor de l’oratge o el llunyaníssim
brogit de la ciutat.
En desvetllar-se l’endemà ella creia
que a l’alcova hi havia olor de roses,
i ell pensava el primer vers d’un poema
que mai no arribà a escriure.

Les noces foren de pinyol vermell.
Tenen un fill notari a la península
i una filla amb promès.
Són gent d’allò que en diuen respectable.

Tornen a casa cap al tard, lentíssims,
assaborint cansadament la tarda.
Amb una punta de frisança, els ulls
se’ls perden qualque pic entre les branques
dels arbres del carrer, com si hi sotgessin
un reste de verdor o de carícia.
Miren els anys, el cel, les hores seques,
el rellotge i la pols. Caminen. Callen.

Josep Maria Llompart (1925-1993)

Els silencis de Maria. Uns silencis que criden.

FAUSTO | 16 Octubre, 2008 07:30

        Els Silencis de Maria és la tercera novel.la de Carles Cortés. Cortés compagina la docència i la investigació  a  la Universitat d’Alacant amb la tasca de programador teatral dins el marc del Projecte Alcover. Aquesta vinculació al món del teatre es fa present en la narrativa que exhibeix en aquesta obra. Tot just començar la lectura d'Els Silencis de Maria el lector no pot evitar la recreació visual d’un escenari. L’espai, els diàlegs, les seqüències, configuren unes escenes que s’articulen en vertaders actes teatrals al marge que l’autor pugui fer un ús, com no podia ser d’altra manera, de tots els recursos literaris a l’abast per aprofundir en la vida dels personatges, com és propi de la tècnica narrativa. La història contada trancorre a través de les pàgines gairebé amb la mateixa fluïdesa que els actors circulen sobre l’escenari.

Els Silencis de Maria és una obra que explora la naturalesa del sofriment, l’origen del dolor. És una obra que descriu la lluita d’uns personatges amb el seu propi passat, amb les seves pròpies pors. La protagonista parla des de la seva absència a través d’un diari en què es descriuen els detalls d'una experiència vital on es succeixen els errors, la impossibilitat de créixer, d’assolir la plenitud.

Contat des d’una veu narrativa en segona persona, Cortés fa un ús versemblant del llenguatge en els diàlegs dels personatges que són víctimes de la seva incapacitat de reaccionar amb sentit davant les adversitats, de comunicar els sentiments al marge de la tragèdia. Apareixen davant el lector perduts enmig d’un silenci que crida i, progressivament, el lector es deixa seduir per una història que es fa cada vegada més propera, més real.

Maria, el personatge desaparegut que glosa la seva experiència errada, el seu amor impossible, dóna pas a Laura, que encarna la figura de la renovació, gairebé de la redempció enmig d’un discurs atormentat d’un Hèctor, el protagonista de la història, que navega enmig de la seva impotència seduït per una feminitat que és totalment incapaç d’entendre. Al voltant d’aquests tres personatges s’escenifica un drama, un drama de convivències impossibles, de retrets permanents,  de mirades neuròtiques, de distàncies culturals, un drama que, al final, esdevé el drama de la vida quotidiana.

Antoni Ferrer

El Aleph. L’home de l’espasa i la ceguesa de Polifem

FAUSTO | 09 Octubre, 2008 07:00

        M’agrada pensar que tots i cada un de nosaltres som en realitat la suma de tres personatges potencialment literaris que, en un futur no molt llunyà, confluiran i es materialitzaran en una única i exclusiva identitat uns instants abans de la nostra mort. Mentre, fins a l’hora de l’inoportú trànsit, les tres personalitats es manifestaran o desapareixeran invariablement al llarg del temps i l’espai que ens ha tocat viure. El primer d’aquests personatges, el descriuré com aquell individu que, per sort o per desgràcia, hem deixat de ser. Aquest ésser habita empresonat en els records i ha deixat fixat a la història el rastre delator de les nostres passes. El segon, el definiré com aquella persona que, passi el que passi i facem el que facem, mai no podrem deixar de ser. Aquest prohom és el que, a darrera hora, recolzat per la saviesa adquirida i exclòs dels esdeveniments que vindran, s’enfrontarà inevitablement, com un covard o com un valent,  al seu destí. És qui, en un acte d’absoluta intimitat, esdevindrà el que realment ha estat en vida. Aquestes dues identitats, que podríem anomenar reals, es mouen sempre entre el passat inalterable i el present més imminent. Hi ha un tercer personatge, ambigu, que s’intueix només en els horitzons boirosos del futur i a qui al.ludiré com aquell que podríem arribar a ser confós i barrejat amb aquell que finalment serem. Aquesta darrera ànima és, encara, una fantasia, un projecte, un fantasma del que a dia d’avui no puc parlar.

El que llegireu tot seguit correspon al meu passat més digne de ser oblidat i el protagonista n’és aquella persona que, per sort, ja no som i també aquella de la que no podré desfer-me mai. Abans d’ordenar per escrit aquesta alliçonadora anècdota, sé perfectament que el que contaré, i que ara només és un vergonyós record dins la meva memòria, deixarà de ser un fet real en el moment de posar el punt i final a aquest text per a convertir-se en una ficció més o menys literària que mai no estarà a l’alçada de l’autor a qui la dedico. Pensar i voler creure que el que desvelaré perfilarà, tal volta, l’home en què espero convertir-me és l’únic conhort que me queda davant la baixesa dels fets que me disposo a narrar.

Fa uns quants anys, prefereixo dir que érem massa joves i massa passionals enlloc de concretar una data, na Cati i jo sopàvem amb na Rosa i en Pere, uns amics que ja ho eren abans i  pel que sembla ho seran tota la vida. Sopàvem, deia, al voltant d’una  taula plena de pizzes per encàrrec i de cerveses a mig buidar, envoltats de fums més o manco exòtics, mentre parlàvem de cinema, de llibres i d’escriptors. Opinàvem sobre qualsevol cosa i generalment sense saber molt bé el que dèiem. La nostra vida com a lectors era encara curta i estàvem, com diem en bon mallorquí, més verds que la porrassa. Record que en un acte d’embravida estupidesa, tot inflant el pit, vaig dir més o manco que “la literatura que no som capaços de entendre a la primera és una pèrdua de temps que no se mereix aquest nom”. Aquesta blasfèmia no és res comparada amb el pecat i el sacrilegi que segueix. Si als forats de la ignorància, que comentava l’altre dia, li afegim la ximplesa de mires de qui creu saber-ho tot i que, enlloc d’acceptar el que no entén com una conseqüència de la seves pròpies carències, s’estima més creure que és l’escriptor qui no se sap explicar o que determinades novel.les són les equacions indesxifrables d’uns llunàtics, ja tenim un meravellós exemple de vanitat humana. Com anava dient, l’anècdota no tindria més importància si no fos perquè, per il.lustrar amb proves irrefutables el que acabava d’exposar, no se’m va ocórrer altra cosa que agafar de la prestatgeria un llibre titulat Ficciones i allà mateix, dret com un petit sàtir, vaig fer la màgica demostració d’obrir-lo i llegir el començament d’un dels contes que el composen. Va passar exactament el que jo volia: ens “morírem” de riure la resta de la vetllada i ningú no entengué res del que citava el gran escriptor argentí. I així en tots i cada un dels relats. Tot molt apoteòsic; tot molt patètic. Ara, a tardors passades, em diverteix contar-ho no sé si per enfonsar en l’ignomínia l’individu del que, crec, he aconseguit desvincular-me o per redimir-me del passat davant uns jutges tan competents com virtuals. Afortunadament, l’altre personatge, aquell que no puc deixar de ser, ja m’estirava les orelles un parell d’hores després de l’esmentada profanació. La vida continuà. Na Cati, la família, la feina, els amics, les converses, els llibres,... i mentre, les referències a Borges seguiren arribant-me a través de diversos articles, assajos, entrevistes i programes de televisió fins que, finalment, un bon dia, empès pel meu esperit inquiet, vaig tornar a agafar Ficciones i em vaig asseure, aquella vegada sí, amb el noble propòsit de descobrir per què aquell argentí fascinava a tanta gent. No se sale indemne de la lectura de determinados libros escrigué l’altre dia un amic. Jo no vaig sortir-ne de llegir a Borges. Encara em sagnen les ferides.

Aquest estiu, durant la relectura d’El Aleph, un conte me despertà per primera vegada en molt de temps tots aquests records. Asseguts a la terrassa, mirant la mar, de sobte li vaig demanar a na Cati si se’n recordava d’aquell sopar. No n’havíem tornat a parlar mai i, sense adornar-nos, ens passàrem l’horabaixa conjurant els nostres fantasmes i esglaiats de la nostra ignorància.

El relat que em duu a desvelar-vos tot això es titula La otra muerte i en ell un narrador, que podria ser el mateix Borges, ens explica la fantàstica i sorprenent  història de Pedro Damián. Aquest supervivent de la cruenta batalla de Massoller visqué, fins al dia de la seva mort, avergonyit de la seva reprovable actuació en l'esmentada pugna. El narrador descobreix, gràcies al coronel Dionisio Tabares, que aquell a qui tenia en tan bon concepte es va portar en realitat com un covard. Mesos més tard, cercant informació per escriure un relat fantàstic, es torna a trobar amb el coronel que li presenta al doctor Francisco Amaro. La seva sorpresa és gran quan, enmig d’una conversa, referint-se  de nou a Pedro Damián, el doctor li conta una història completament diferent a la que li explicà, en el seu dia, el coronel i segons la qual el jove lluitador mor a la  batalla de Massoller i, a més, ho fa com un valent. D’altra banda, inexplicablement, el coronel Dionisio ja no se’n recorda de cap d’aquests fets. Concloem, guiats per l’encís de l’escriptor, que Pedro Damián, penedit de la seva flaquesa, va dedicar la resta de la seva vida a corregir-se fins a aconseguir canviar el seu passat i el seu futur. Si el destino me trae otra batalla, yo sabré merecerla. Durante cuarenta años la aguardó con oscura esperanza, y el destino al fin se la trajo, en la hora de su muerte. La trajo en forma de delirio pero ya los griegos sabían que somos la sombra de un sueño. En la agonía revivió su batalla, y se condujo como un hombre y encabezó la carga final y una bala lo acertó en pleno pecho. Así, en 1946, por obra de una larga pasión, Pedro Damián murió en la derrota de Massoller, que ocurrió entre el invierno y la primavera de 1904.

Recordar el passat, observar el present, inventar el futur i morir com cal. Perquè, veritablement, ho arrosseguem tot amb nosaltres. Jorge Luis Borges, igual que Dino Buzzati, donà moltes voltes a aquesta idea èpica del destí i l’espasa. Però tal volta fou Kipling qui ho simplifica de manera admirable en el final heroic d’El hombre que pudo reinar quan el genial Dravot, que sempre havia estat un estafador, un vividor, un femeller i un tronat, aconsegueix morir com cal. Ningú mai no podrà negar que és un Rei, fill de reis, l’home imponent i orgullós que des del pont de fusta, sobre un abisme de tres mil metres, ordena als que abans l’adoraven i ara són els seus enemics: Talleu les cordes, imbècils!!.

No puc evitar acabar l’article d’una manera recercadament literària i imaginar un alternativa improbable. Un esdeveniment tan fantàstic i misteriós que el simple fet de desitjar-ho, encara que insuficient per expiar tot el pes de la meva culpa, servirà per alleugerir i asserenar la meva consciència. Suposar que en Pere, quan llegeixi aquestes línies, ja no recordarà el malaurat sopar ni les meves paraules, tal com si aquells fets no haguessin tingut mai lloc, em consola tant com somiar que na Rosa, ben al contrari, se’n recordarà perfectament, només que dins la seva memòria jo mai no hauré llegit a Borges per provocar la befa sinó més aviat amb la humil intenció de donar a conèixer als meus amics les paraules que tant m’agraden. Na Cati, igual que el narrador de La otra muerte, haurà estat el testimoni impossible i privilegiat que ha vist allò que no ens està permès veure; l’anacronisme dels meus estats i la concatenació dels meus diferents personatges materialitzant-se sempre en una paraula immutable entre ambdós. Jo, mentre, ja no existiré. Seré, tan sols, dins els ulls dels lectors, com una boira llunyana que desapareixerà gairebé uns instants després d’aquest punt i final. I Borges serà Borges. Infinit per sempre més.

Fausto Puerto

 
Powered by Life Type - Design by BalearWeb - Accessible and Valid XHTML 1.0 Strict and CSS