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Articles sobre literatura escrits pels amics de la llibreria Món de Llibres.

Cuadernos de Dresde. El fracaso de Ludovico Heinze.

FAUSTO | 12 Febrer, 2008 10:23

      Cuando Heinze se despertó el mundo seguía expandiéndose con indiferencia. Sabía que todo lo que lo rodeaba se disolvería algún día; sabía que lo que tenía consistencia y materialidad era una pequeña proporción de lo que existía, y que él, Ludovico Heinze, el viejo autor maldito ya pasado de moda, era la más infinitesimal partícula de ese pequeño escorzo llamado universo. La palabra demoníaca expulsada por sus labios al aire frío de la mañana lo desconcertó: “cáncer, cáncer”, se dijo. Y decidió, en ese mismo momento, dejarse morir, no hacer nada para evitar la muerte dolorosa, purgaría así el fracaso e intentaría morir limpio, extrañamente renacido. Se levantó, se duchó con agua fría, y pulcro y elegante, con un cigarrillo en la mano escribió la última entrada de su cuaderno:

    “Tendría que haber muerto joven, cuando todo en mí era exaltación. Mi obra así, hubiera sido considerada “truncada” por el destino; y no simplemente “fallida” por el resto de mi vida.”

Después quemó todos sus manuscritos y ordenó a su abogado prohibir cualquier reedición de lo ya publicado. En las memorias de Zweig, o en las de Canetti, hay referencias a Heinze; los dos lo conocieron en la vieja Viena de principios de siglo, joven y desafiante, conspirando contra el querido emperador, orinando en las paredes sagradas de Sacher, o abucheando a los actores del Burgertheatre; lo mencionan también años después, era entonces un patético poeta vagabundo, pasado de época, objeto de burlas de los jóvenes  nazis y de los bolcheviques; Canetti incluso fue a visitarlo a la cárcel de Dresde, donde había sido condenado a prisión perpetua por violación y asesinato. “Yo no he sido. Me ofrecí como culpable para mantener limpia la reputación de la policía local. Todo salió a pedir de boca, el comisario que me “atrapó” es hoy senador, lo único que pedí fue una celda individual. No me fue concedida, ya lo ve usted, pero al menos estas bestias ya no me pegan”. Murió unas horas antes del bombardeo definitivo que generó años después el Matadero 5 de Vonnegut y una obra casi póstuma de Sebold. Ni el fuego ni el horror de la guerra le evitaron el sufrimiento. Hace cinco años, hurgando entre los archivos que sobrevivieron al ataque aliado, un joven estudiante de filosofía, Joseph Cartaphillus, encontró los Cahiers que Heinze había salvado del fuego. Expurgados de aliteraciones y errores gramaticales fueron publicados por la Insel-Verlag hace un par de años.  Cumpliendo un destino circular la edición fracasó; Cartaphillus abandonó el mundo de las letras y se hizo perito de seguros. Daniel Capó, el autor mallorquín, evitó la guillotina de unos cuantos ejemplares a cambio de la traducción y edición en castellano; los editores alemanes lo consideraron un favor y eludieron contratos y derechos de autor. Dos años dedicó el erudito mallorquín a la traducción con comentarios y esbozo biográfico que ahora se expone nuevamente al lector curioso, acaso ignorante de la contradicción inherente de todo hecho biológico: nacer para morir, sufrir y ser olvidado.

Cuadernos de Dresde. Ludovico Heinze. Ed “El equilibrista”. Palma de Mallorca, 2007.

Gabriel Bertotti     

Comentaris

  1. Cuadernos de Dresde
    comentario a Gabriel

    Siempre me encanta leerte!!!! TE QUIERO UN MONTON!!!!! Angeles

    Cuadernos de Dresde | 15/02/2008, 15:03
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