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Articles sobre literatura escrits pels amics de la llibreria Món de Llibres.

Philip K. Dick y Realidad

FAUSTO | 23 Octubre, 2008 07:00

Ante sus ojos el bosque sombrío; la posibilidad de los lobos.
En su mente, el desierto y la sospecha del león.
Detrás, la aldea, el arado y la cerveza.
En su corazón el sano miedo. Y la extraña energía del deseo.
Dar un paso y entrar al bosque, las manos desnudas, los pies calientes, la cabeza fría. Atrás, los que nunca salieron, los que aceptaron el anatema:
¡No avanzar!
Arriesgar la vida para saber.
Detrás la gente comenta, anula la acción del que se fue con comentarios jocosos, tristes bromas que encubren la árida desazón cotidiana. Siempre lo mismo, a excepción de la enfermedad y el dolor.
Mientras tanto, en el bosque, el musgo y la ausencia de luz son un peligro para la respiración, que anhela un guía, un sendero peligroso por el que atravesar la masa verdinegra. Pero los que antes se atrevieron a entrar no dejaron marcas.
Al tiempo, cuando todos habían olvidado la partida, alguien surge del bosque.
Pocos lo reconocen y todos le temen.
“Ha regresado”, dicen las comadres, “Pero es otro”.
Y así, el que supera el terror y vuelve, no es el mismo que había partido, inocente y entusiasta.
Y si algo ha aprendido no exhibirá ninguna grosera muestra de coraje: matará al lobo o al león, pero no traerá su piel como trofeo, y sabrá asumir la diferencia que le estipulan las miradas y los silencios.
Si no, si muestra heridas y triunfos, será temido y esquivado, y será para todos, maldito.
El valor sin pudor genera sentimientos mezquinos.
El elegante, el elegido por la bondad del universo, se hace anónimo, ha muerto y ha renacido, ha ido y ha vuelto, su acción es invisible, sus palabras de fuego.
Así cantaba la voz del bosque, William Blake:

    “El rugido de los leones, el aullido de los lobos, la cólera del mar tempestuoso y la espada destructora son porciones de eternidad demasiado grandes para el ojo del hombre”.

“Tonterías”, piensa la mujer que renunció a entrar al bosque y que aceptó cargas y paciencia.  A veces, cuando todos duermen, recuerda con alegría el gesto sereno de la hermana que se atrevió a partir. Para los demás no fue ni maldita ni arriesgada, fue simplemente ignorada; no mencionarla era anular el precedente.

Así cantaba la voz del bosque:

"Lubricidad del chivo, generosidad de Dios.
La cólera del león es la sabiduría de Dios
La desnudez de la mujer es la obra de Dios”
.

¿Seremos alguna vez tan valientes como para asumir el conocimiento que nos cambiará para siempre, alejándonos de los demás?
¿Aceptaremos nuestro rostro verdadero?
Ya no hay bosques vírgenes, ya no hay lobos, sin embargo quedan ciertos libros, más peligrosos aún que el bosque negro.
Libros escritos por los que hacen del desierto o de la espesura su hogar, y nos esperan junto a una fogata, para secar nuestro temor, para aliviar la fiebre pura y enseñarnos a llevar con dignidad las verdaderas consecuencias del conocimiento: egolatría o humildad.
El conocimiento del que hablamos no tiene nada que ver con cultura o erudición.
Más bien éstas son como un perfume que emiten tanto el ególatra como el humilde. El del primero tan fuerte que impide respirar, el del segundo semejante a la brisa que aligera el aire cargado.
Pero, qué conocimiento puede aportar la literatura; ese acto de comunicación en silencio.
El silencio del desierto.
Y a lo lejos, el rugido del león.
¿O acaso no hay ciertas frases que  nos hacen abandonar por un instante la lectura como si hubiéramos intuido una presencia inquietante?
Alguien sentado junto a un fuego en medio del bosque o en la inmensidad del vacío, que nos invita a calentarnos y nos cuenta una historia.
Cuando retornemos a la aldea habremos aprendido nuestro nombre verdadero. A veces tan resplandeciente como el fuego que transformó a Quijada o Quesada en Don Quijote.
¿Se puede ver demasiada luz sin perder la razón?
Sólo hay una manera de saberlo.
Abriendo el libro.
Dejemos atrás la confortable y repetitiva seguridad de ciertos libros y demos un paso hacia el camino de nuestro mayor temor. Allí, junto a un alucinógeno fuego verde, tal vez nos espere Philip K. Dick. Un supuesto escritor de género (ciencia ficción) que se ocupa de universos posibles y realidades alternativas de una manera simple y popular.
¿Y si la verdad no fuera ni tan simple ni tan popular?
¿Y si Dick fuera el hombre sabio, a la manera de un William Blake contemporáneo, estragado por las visiones y el conocimiento, que elige humildemente enseñarnos a mirar sin meternos el dedo en el ojo?
Dejándonos espacio en su obra para sentirnos definitivamente cómodos en terra incognita, una geografía y un lenguaje conocidos, pero que se refieren a algo en lo que nunca antes habíamos pensado y de lo que nada sabíamos.
El mundo de Dick es aquel en el que la frase de Piglia , “¡También los paranoicos tienen enemigos!”, se hace realidad.
¿Realidad
¿Y si el bosque, la hoguera, el desierto y el rugido del león fueran alucinaciones producidas por una droga?
¿Y si yo no soy yo sino otro, con otra vida y conciencia, suspendidas por el lapso de tiempo que dura la ilusión que creo verdadera?
¿Verdadera
¿Y si la lógica que rige este mundo fuera la generada por el líquido que se toma Alicia?
¿La voz que escucho dentro de la cabeza mientras leo es la mía?
Y a fin de cuentas, ¿quién o qué soy yo realmente?
Junto a los últimos rescoldos de la última hoguera, Dick nos dice:

“Tú y los demás estáis muertos. Yo vivo”.

Entonces escucho el rugido del león.

Gabriel Bertotti

Comentaris

  1. Jesús
    Re: Philip K. Dick y Realidad

    Después de leer el artículo visité el bosque i me adentré en el...
    Ahí me encontré con escritos indéditos del Sr. Bertotti

    Ya no volví a ser el mismo.

    Jesús | 24/10/2008, 08:57
  2. Cardenal
    El héroe.

    ¡Excelso, Gabriel, excelso! No debemos olvidar, como dijo un gran filósofo, que el héroe es una persona hogareña y que el superhombre se sienta a los pies de la abuela.

    Cardenal | 24/10/2008, 09:32
  3. Una humilde feligresa
    Cardenal

    Totalmente de acuerdo Cardenal pero, como dijo otro, más fácil es escribir contra la soberbia que vencerla.
    Gabriel, te superas día a día.

    Una humilde feligresa | 24/10/2008, 12:08
  4. jorge
    Bertotti: Ver Tutti

    Bueno¡¡¡

    jorge | 14/11/2008, 19:44
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