Articles sobre literatura escrits pels amics de la llibreria Món de Llibres.

FAUSTO | 21 Abril, 2006 16:07
Hace unos años, la conselleria de Benestar Social -o como quiera que se llamara por aquel entonces- editó una agenda que recogía con toda profusión las fiestas del santoral laico. Husmeando entre sus páginas, descubrí que se celebran días como el de los enfermos de enfisema pulmonar, la protección de los bosques tropicales o la mujer trabajadora. Vaya uno a saber por qué se festejan unas cosas y no otras. Las festividades, cree uno,
deberían ser una exaltación de la alegría más que una ristra de reclamaciones concretas ante tal o cual injusticia, pero entiendo que la laicidad responde a la moda y son las modas las que dictan qué es o no correcto en cada instante. De todos modos, después de hojear la agenda, me pareció que la única festividad digna de ser celebrada era la de Sant Jordi o Día del Libro. Ya sé que los cursis opinarán que sólo los incultos salen a comprar libros el día del libro, pues cuando un lector lo es de verdad cualquier día del año puede ser motivo de alegría. Pero los cursis no dejan nunca de sorprendernos. Se lamentan cuando nadie lee y protestan cuando un autor empieza a ser demasiado popular. Al final, uno debe seguir su propio camino y prestar menos atención al runruneo de la sociedad. Si para leer se necesitan excusas, pues venga. Siempre alguien descubrirá por vez primera los rasgos de un mundo nuevo, los contornos de una verdad que desconocía o las sombras de un pasado que no le es ajeno del todo.
Los libros terminan por enseñarnos las verdades que la vida nos oculta. Un hombre podría ser cualquier hombre y la felicidad es equiparable al lamento. Un día de Sant Jordi, un padre le regalará a su hijo un tomo de Tintín, las Crónicas de C.S. Lewis, un planisferio de las estrellas, y éste será feliz soñando que el milagro siempre termina por derrotar al mal. Ese mismo día, alguien empezará a leer por primera vez Ana Karenina, los cuentos de Chéjov, las aventuras del Quijote o los poemas de Thomas Hardy. Otro rumiará los pensamientos de Pascal o las confesiones de Agustín. Quizá alguien aprenda a amar la piedad, leyendo a las hermanas Brönte o siguiendo las andanzas de Carlo Levi en Cristo se detuvo en Éboli. Ese día, un novio y una novia leerán juntos los versos de Walt Whitman, navegarán con Ahab a bordo del Pequod y tal vez se acuesten escuchando un disco de jazz en honor a Julio Cortázar. Y otro aprenderá a rezar, recitando en voz baja un poema de Robert Louis Stevenson, o sostendrá, tembloroso, el cráneo de Hamlet. Y todo esto ocurre en un día que podría ser cualquier día. Y gracias a ello, alguien se sentirá menos solo en el mundo. Y alguien tiritará de emoción. Y alguien dará gracias. ¿No les parece, queridos amigos, un saldo más que suficiente? Yo, al menos, así lo creo.
Daniel Capó
Article publicat al Diario de Mallorca 21/04/06
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Uep! Com anam? Només volia comentar que ahir vaig acabar de llegir el llibre "El niño con el pijama de rayas". És molt bò, i el final ha estat una cosa mai esperada, no ho hagués pensat. Crec que l'autor hauria d'haver pensat més pel final. Així i tot haver estat tan trist, moltes gràcies cunyi!