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Articles sobre literatura escrits pels amics de la llibreria Món de Llibres.

SEXO

FAUSTO | 03 Juny, 2010 07:00

Sexo.
Amo tu sexo, mujer
No creo en nada si no hacemos el amor.
Sexo.

            L.A.Spinetta


Lo de siempre con determinadas palabras.
Al pronunciarlas, darse cuenta de que son algo más que un conjunto de letras y sonidos.
Algo más.
¿Por qué, sino, tanto pudor al mencionar “cáncer” o “aborto” o “sida”, todas variaciones de “muerte”?
¿O tanta alegría al pronunciar “pasión”, “orgasmo” o “semen”, todas variaciones de “vida”?
¿Y acaso “muerte” y “vida” no son conceptos indisolubles?
¡Y más en el ámbito de lo que llamamos “sexo”!
Como siempre, el racionalismo del francés da con la palabra exacta: al orgasmo lo llaman “petite mort”.
Con el sexo recreo la muerte al disolver el ego en el placer: aquí y ahora.
Sexo: aferrarse a la vida aprendiendo a morir.
Es desde aquí que se entiende la presencia recurrente del sexo en el arte y en la literatura, como un mordisco a la médula de lo que se supone real pero que está oculto por tenues apariencias, por eso el sexo es una forma de canibalismo metafórico y de mutua anulación metafísica.
Es comerse al otro reafirmando el hecho de estar vivo: un relámpago de fuego.

Aprender a follar es aprender a morir.

¡Con cuánta facilidad podemos paladear en el mayor instante de exaltación de la vida la presencia agazapada de la muerte!
De ahí que no sea entonces casual que en Argentina se diga “acabar” en vez de “correrse”, puesto que es imposible que todo siga igual.
Está claro que el ejercicio de la sexualidad en cualquiera de sus formas es algo más que un mero aceleramiento sináptico y hormonal. Es en realidad, y así lo atestigua el lenguaje, una cesura, una interrupción honda, como la grieta de un terremoto, que en una fracción infinitesimal hace que todo acabe para volver a empezar, diferente.

La cara que se asoma al espejo, deformada de placer, puede parecer también la cara de alguien que sufre.
El ruido que el niño escucha desde el cuarto de sus padres puede parecer la manifestación de un dolor compartido.
Y el niño que se tapa con la almohada para no sentir sufrir a mamá.
Que no sufre. Pero que aún no puede explicarle.
Sexo y tiempo.
El adolescente, que fue niño y que ahora carece de identidad, espera su momento.
Sexo y temor.
Los pezones, anhelantes, esperan su momento.
Sexo y tiempo.
Senos ya no turgentes, rollos de grasa ocultando órganos aún entusiastas.
Terrible confirmación victoriosa de la gravedad.
Gravedad en la cara que se asoma al espejo.
Sexo y memoria.
Recordar es revivir el gusto de la saliva ardiente en la boca.
La ausencia de aire en los pulmones.
El calor insoportable en las mejillas y el ardor en la garganta.
Liberando neurotransmisores que relajen el tenso momento de la vejez no erectiva o de la ausencia de otro cuerpo y el hastío que nos provoca tocarnos.
Y sin embargo, a veces, la masturbación salvadora es la única confirmación de nuestra existencia.

Semen sobre piel.
Flujo sobre piel.
Transpiración. Extraños sonidos.
Almizcle. Pudor y barbarie.
Silencio y gemido.

¿Y la literatura? ¿Qué tiene para aportar a este tema?
¿Sutileza y elipsis o crudeza y pornografía?
Da igual, lo que importa en la representación artística no es la verdad sino la efectividad en dar en el blanco.
La pureza del efecto de la palabra sobre el lector.
Un baño de rosas después de hacer el amor, o vestirse y huir oliéndonos los dedos.
Leer a Rilke y a Bukowsky; a Marguerite Yourcenar y a Philip Roth. A Bioy y a Henry Miller.
Siempre igual, emprenderla a patadas en el culo de Dios o arrodillarse frente a una rosa.


Nunca la palabra podrá representar la totalidad de una complejidad tan misteriosa como el sexo, sin embargo sí que puede atrapar y condensar en imágenes algunas de sus peculiaridades y sutilezas.
Siempre entre dos extremos, el de la crudeza de una bestial erección de Vadinho, o el tímido y ardiente gemido que se le supone a Jane Eyre. Entre el espíritu orgiástico de los amantes de Cumbres Borrascosas y el sutil deseo nunca satisfecho de los personajes de Italo Svevo.
Mostrar o insinuar.
¿En tu casa o en la mía?

Bolaños escribió esto:

“Follar es lo único que desean los que van a morir. Follar es lo único que desean los que están en las cárceles y los hospitales. Los impotentes lo único que desean es follar. Los castrados lo único que desean es follar. Los heridos graves, los suicidas, los seguidores irredentos de Heidegger. Incluso Wittgenstein, que es el más grande filósofo del siglo XX, lo único que deseaba era follar. Hasta los muertos, leí en alguna parte, lo único que desean es follar. Es triste tener que admitirlo, pero es así”

Después murió esperando un transplante de hígado que nunca llegó.
Lo imagino preparado, con el arpón enhiesto en la mano, esperando sin temor a la ballena blanca.

Sangre y esperma.
Ceniza y barro.

Gabriel Bertotti

Comentaris

  1. CECI VIGIER
    LASpinetta

    MARAVILLOSOS!!!
    GRACIAS GABY!!

    CECI VIGIER | 03/06/2010, 10:17
  2. CHECHU
    SEXO

    ....ENCONTRARSE A UNO MISMO EN EL OTRO DESDE LO MAS INTIMO...

    CHECHU | 04/06/2010, 02:16
  3. Claudia Costa
    Sexo

    Por algo Miller decía: El sexo es una de las nueve razones para la reencarnación.....
    Las otras ocho.....

    Por algo yo digo: es el punto exacto en el que el amanecer y el ocaso, se juntan y se dan la mano!

    Muy bueno Gabriel!
    Muy bueno

    Claudia Costa | 11/04/2013, 03:46
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