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Articles sobre literatura escrits pels amics de la llibreria Món de Llibres.

Cantar y narrar

FAUSTO | 30 Juny, 2011 07:09

 

“Canta, oh, musa”

  Nosotras cantábamos las historias que todos conocían.
  La historia de los que vencieron la ira que pretendía destruirlos y que fueron derrotados por un ardid.
  La historia del que desafió al dios del mar y fue  herido por la ambigüedad del hogar y de la aventura, del amor que conduce al aburrimiento y de la felicidad del peligro.
  La historia de todas las noches que son mil y una maneras diferentes y simultáneas de eludir la muerte, seduciendo al verdugo con un acertado tono de voz.
  Nosotras descubrimos que entre las palabras no hay silencios, sino diferentes maneras de modular los sonidos para darles sentido y generar alegría o llanto.
  Nosotras inventamos al dios de nombre secreto, tan alejado de sus criaturas que lo hicimos hombre y le hicimos beber vinagre en una cruz.
  Cuando el hombre se miró por primera vez, y se ahogó en su propia conciencia recién descubierta, dejamos de cantar, y comenzamos a narrar.
  Se canta para todos, se cuenta sólo para uno.
  Entonces, en el estruendoso silencio de los individuos, nos hicimos llamar Chaucer, y Dante y Montaigne.
  Y entonces todos dejaron de cantar.
  Nuestra canción equilibrada se transformó en el balbuceo de un idiota que cuenta una historia llena de sonido y de furia. Fuimos una, porque el ego de los románticos así lo quería, e inspiramos el fuego de Byron, y de Shelley, de Keats y de Novalis, que una noche nos vio en el bosque y luego calló para siempre, hasta que con otra voz nos hicimos llamar Rimbaud, nuestro hijo amado.
  Fuimos, otra vez,  muchas voces con Tolstoi, pero sólo una con Dostoievsky, y dos, que ríen y lloran con Gogol. Llamándonos Flaubert pudimos ser Kafka, que aprendió todo leyendo a Bouvard y Pécuchet.
  Hicimos morir al autor creando la artificialidad tan seductora de la obra abierta; artificial creación de todos los avatares de su tiempo.
  Con traviesa indiferencia inspiramos el rumor de que ya no había más nada que decir, que sólo se podían enumerar objetos y describir comportamientos, que todo era significante y que no había ningún significado. 
  Entonces nos retiramos. Nos habían precedido los dioses y los demonios, los bosques y los desiertos sagrados; cuando un simple psicofármaco pudo sosegar lo que habíamos generado como oscuro y salvaje, como el delirio y el desequilibrio necesarios para cantar; cuando follar comenzó a matar y callar dejó de ser considerado signo de sabiduría, decidimos que ya era nuestro tiempo de partir.
  Y cantamos esta canción:

  “Lo que los dioses han hilado para los míseros mortales
es vivir entre congojas, mientras ellos están exentos de pena.
   Sigue tu destino, riega tus plantas, ama tus rosas.
  El resto es la sombra de árboles ajenos.
  Mira de lejos la vida. Nunca la interrogues. Ella nada puede decirte. La respuesta está allende los dioses. Que  son dioses porque no se piensan"

  Y no olvidéis una cosa, seréis inmortales el instante en que invoquéis nuestro nombre para cantar como nosotras lo hicimos.

Gabriel Bertotti

 

Comentaris

  1. Ceci Vigier
    Cantar y narrar

    ....mira de lejos la vida. Nunca la interrogues......

    Emoción súbita, activada por el fino y bello hilvanado de tús palabras Gaby!
    Gracias!

    Ceci Vigier | 30/06/2011, 10:51
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