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Articles sobre literatura escrits pels amics de la llibreria Món de Llibres.

Muerte de un apicultor. El penetrante poder del silencio.

FAUSTO | 05 Desembre, 2007 16:23

       Cuando leí por primera vez la novela del sueco Lars Gustafsson, Muerte de un apicultor, lo primero que pensé fue en el tercer movimiento de la novena sinfonía de Bruckner, un larguísimo adagio cuyos últimos compases son el más bello adiós —el más sereno también— que se haya compuesto en la historia de la música. Pensé en Bruckner, pero podría haber pensado en otros músicos. En Bach, por ejemplo, o en alguna de las sonatas últimas de Schubert o de Beethoven. Todas ellas son obras que se asientan sobre el misterio de la muerte – la llamada, más bien – y el penetrante poder del silencio y de la soledad. El escritor norteamericano John Updike, refiriéndose a Muerte de un apicultor, ha dichoque esta novela representa una medida del dolor humano. Se podría estar de acuerdo. La prosa precisa y exacta del poeta sueco gira en torno a la oscuridad y a la ausencia. Y también en torno al dolor, aunque sea un dolor en el que resuenan los ecos de la vida.

Escrita a manera de dietario, Muerte de un apicultor narra los últimos meses de Lars Lennart Westin, apodado La comadreja, quien enfermo de cáncer decide retirarse a su cabaña junto al lago y vivir en una soledad casi absoluta. Los apuntes filosóficos se entrecruzan con las anotaciones poéticas o los recuerdos familiares. Detrás, encontramos un trasfondo que se repite de modo constante: el dolor y la esperanza, el sufrimiento físico y la necesidad de verbalizar el tiempo futuro.

“La idea entera del yo descansa sobre la certidumbre de que también existirá mañana”, escribe Gustafsson, mediado el libro. O como se lee en la frase final que cierra el mismo: “Siempre cabe esperar”.

En el fondo, lo que su autor aquí plantea es que el sentido de lo humano es una posibilidad lingüística que se define por su capacidad de conjugar la esperanza y no por una mera continuación de la realidad biológica del hombre, aislado del continuum histórico (y moral) del tiempo. Foucault y Agamben, entre otros, han percibido en la centralidad de la vida biológica el acontecimiento central de la modernidad. Quizás por eso mismo —por este crudo retrato de la esperanza humana asediada por el dolor físico, la soledad y el sinsentido— es por lo que Lars Gustafsson ha adquirido una merecida fama de conservador y de antimoderno. Vaya uno a saber. Los poetas se deben a un tipo de verdad muy distinta de la política o de la social. “Al final —escribe el autor sueco— no se ve otra cosa que el fondo esencial de la cuestión: un ser humano”. Y la soledad, el silencio, la muerte ...

Daniel Capó

 
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