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Articles sobre literatura escrits pels amics de la llibreria Món de Llibres.

B.Traven y fracaso

FAUSTO | 21 Maig, 2009 07:00

No hay lenguaje inocente.
Cada frase nos condena a manifestar todo aquello que pretendemos ocultar.
Por ejemplo, que el cosmos se dispersará en vahos helados.
Que todo lo que envejece pierde calor.

Como las heladas manos de los viejos.

El conocimiento elude los consuelos.
Y la libertad es una función de las interacciones cerebrales.
Un conjunto de cerebros funcionando con simetría y simultaneidad produciendo sistemáticamente el Cañón del Colorado y las Cataratas del Iguazú, y el Nilo y Venus, y tus pasos silenciosos en otra parte, que sólo yo intuyo.

¿Yo?
¿Quién soy yo?
¿A quién me estoy refiriendo?
¿Quién es el dueño de las manos y de los pulmones?
¿Podré saberlo alguna vez?
¿Podré salir del círculo que me dice que sólo conoceré los fantasmas eléctricos que crea mi cerebro?. La forma de la rosa y el sabor de tu lengua son marcos interpretativos que la actividad cerebral impone a los datos.
Pero entonces, ¿qué hay del otro lado del dato?, ¿cómo son realmente los emisores externos?.

Puede que con el tiempo, sospechando de las fachadas de lo real, hurguemos sin miedo y lleguemos con los años y la risa a descubrir que no sólo nada es lo que parece sino que nosotros ni siquiera existimos.
Ese YO, ese supuesto centro de mando que se ubica entre los ojos y la nuca, posiblemente sea un espacio misterioso y vacío, semejante al que presenció el instante previo al Big Bang, para el que no existe lenguaje posible.
Tal vez no seamos más que impulsos eléctricos representando espectáculos fantasmagóricos.

No podemos ir más allá de nosotros mismos, dejando a nuestro paso gloriosos fracasos: la lógica, la música, el cero, el uno, el juego y la aventura.
Ella diría: “Precisamente, esa es la magia”.

No es gratuito partir de estas improbables intuiciones para acercarnos a la obra de B.Traven; curioso nombre, que de entrada nos plantea una paradoja, puesto que si lo pronunciamos en correcto inglés se transforma en un imperativo demasiado categórico para un hombre que gustaba de esquivar identidades: B. Traven: Be Traven!: ¡Sé Traven!

Lo que oficialmente se sabía de él hasta el momento de la pre-producción de la famosa película basada en su libro era que así se llamaba un misterioso escritor retirado del mundo en algún remoto lugar de los trópicos centroamericanos.
La información aportada posteriormente por John Huston iniciará el cambio de paradigma con respecto al personaje-Traven, convirtiéndolo en una especie de zorro travieso que juega a despistar sabuesos.
Según cuenta el director en sus Memorias, una mañana se presentó en su hotel mejicano un hombrecillo vestido de una ostentosa manera rural. Decía llamarse Hal Croves y venir a reemplazar en la gestión del guión a un Traven irremediablemente atascado en un mundo de enfermedades tropicales latentes. Le entregó una tarjetita en la que se definía como Traductor; decía ser el mejor amigo de Traven y conocer lo suficiente su obra como para hacer de momentáneo albacea. Con el tiempo manifestaría una inocente tendencia a mentir no ignorada por el director, fascinado a su vez con la certeza de que Croves era Traven  jugando a ser otro.
Ningún hombre inteligente interrumpe el juego de otro hombre inteligente, por lo que lo dejó en paz. No así ciertos periodistas que atraídos por el éxito de la película y por el misterio de su autor comenzaron a perseguir a Croves para atrapar a Traven. Casi lo consiguen cuando hurgando en el almacén que regenteaba en Acapulco encontraron manuscritos firmados por Traven y pruebas de que Croves también usaba el nombre de Traven Torsvan. Al tiempo otra investigación afirmaría que usaba un cuarto nombre, Ret Marut, que correspondía a un anarquista alemán huido del continente en 1922. Croves murió en 1969 y un año después su viuda confirmaría que era Traven y Torsvan y Marut.

Podemos permitirnos el no creerle, podemos permitirnos suponer que jamás sabremos quién fue B. Traven de la misma manera que jamás sabremos quiénes somos ni qué es el Universo. Satisfechos de haber leído una misteriosa novela de aventuras que intenta equilibrar con estilo invisible comportamientos groseros y fatalmente dramáticos: codicia,  ignorancia y soberbia, con las misteriosas virtudes que justifican la poesía: la alegría y la bondad.
Hay también un imperceptible humor que suaviza cualquier aspereza del viento y de la sed y que traduce el silencio del vacío en pura ironía humana.
Una aventura a la larga imposible pero que se emprende con la misma limpia mirada con la que un marino enfrenta la primera ola de una tormenta ominosa.

Gabriel Bertotti

 
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