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Articles sobre literatura escrits pels amics de la llibreria Món de Llibres.

Una heroína intergaláctica

FAUSTO | 11 Abril, 2023 17:25

Tenemos la mala costumbre de buscar referencias literarias cuando leemos un relato o una novela. Esas referencias son como senderos que nos conducen a un territorio en el que nos sentimos seguros entre palabras y argumentos revisitados. Un aire de familia que nos permite sustentar opiniones o gustos. En esta novela de Piña Valls algunos críticos no se han resistido a la tentación de mencionar a Salinger o Alain Fournier; yo intentaba huir de esa tentación, sintiendo que lo que estaba leyendo estaba más allá de un sistema referencial, porque lo que estaba leyendo era tan original como en su época lo fue el Huck Finn de Mark Twain. Entiéndame, no establecía una nueva referencia pero utilizaba, eso sí, un modelo eludido por los críticos, descubría un tono narrativo, una ternura humorística que se desprendía de un texto vivo, que manejaba el tiempo, las fórmulas narrativas y la pluralidad de voces con la distraída pericia de un narrador experimentado que desaparece entre las palabras. Las aventuras y desventuras de Jorge Fuster no se inspiraban en las de un preadolescente del Misisipi pero había un aire de familia irremediable que las hermanaba. También, y como suele suceder con los espejismo referenciales, Una heroína intergaláctica me recordaba aquellas películas de la época dorada de Hollywood en la que los verdaderos pilares de la narrativa eran los actores secundarios. Y en esta novela de Piña Valls permitían que el narrador pudiera explayarse con un atractivo añadido: eran personajes que otorgaban luz y diversión y misterio a la historia que se estaba contando, a la verdadera y subterránea historia que Piña Valls nos estaba contando sin que nos diéramos cuenta, porque debajo de ese río que fluía entre los meandros del crecimiento, del paso de la niñez a la adolescencia, se desarrollaba una historia paralela, sutilmente señalada en algunos párrafos, en algunos detalles esenciales, que percutían en nuestro inconsciente y que recién saldrían a la luz una vez acabada la lectura. Es el eterno misterio de los cuentos bien contados.

 El reproche a posteriori de no habernos dado cuenta antes, de haber creído ciegamente lo que el ilusionista nos mostraba con una mano y nos ocultaba con la otra. Es muy difícil hacer un esbozo crítico de esta novela sin desvelar las transiciones que hacen posible un milagro. Algo así, algo parecido, me sucedió con El nadador de Cheever. ¿En qué momento se produce la transición entre el tiempo presente, el tiempo real en el que se contaba la historia, y el súbito paso del tiempo transformado en eternidad? ¿Cómo lo hizo Cheever? ¿Cómo lo hizo Piña Valls? ¿Cómo se le da voz a la ausencia? ¿Cómo se aceptan las palabras dichas por los que ya no pueden hablar porque no existen? ¿Cómo se descifra el secreto lenguaje de los fantasmas? Y más aún, más lejos aún en su osadía argumental, ¿cómo se puede hacer la cartografía exacta sin solemnidad ni falsa trascendencia de los misterios sagrados? Aquellos envueltos en liturgias y rituales que sólo pueden ser comprendidos con la inocencia de los niños enamorados.

Como crítico, ante una novela tan hermosa, debo dar un paso al costado y cederle la voz a un poeta, un poeta que lo comprendía todo y que encontró las palabras exactas para hablar de lo que he leído con tanta alegría, los versos son de Pessoa y expresan las mismas coordenadas emotivas en las que se mueve el Jorge Fuster creado por Román Piña Valls:

                                               Amar es la eterna inocencia,

                                               Y la única inocencia es no pensar…

 

Gabriel Bertotti 

 
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