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FAUSTO | 20 Novembre, 2008 08:00
Mientras caminaba pensé en la religión como en la manifestación más perfecta de una etapa posiblemente superada de la evolución humana.
Y sin embargo, en el camino, me cruzaba mujeres con pañuelos coercitivos en la cabeza o tapando el rostro, o creacionistas negando la fuerza explicativa de la teoría evolutiva o evangelistas hurtando fieles a la Iglesia en base a una desgastada ausencia de rituales.
Hechos, que si no hubieran estado cifrados con anterioridad en un conjunto de prescripciones postuladas por profetas de un dios innombrable, hubieran resultado hermosos; un rostro cubierto, secreto, en el que podían coexistir misteriosamente la belleza o la deformidad; o meramente absurdos o tristemente vulgares.
Imaginé a un anacrónico homínido negándose a caminar erguido y ser definitivamente ser humano por seguir una regla presuntamente divina: ¡Erguirse es anatema!
¿No habrá trampa en la presunta obviedad de concluir en que toda la estructura cultural religiosa no ha sido más que una necesaria y exitosa estrategia de adaptación y control que el sapiens debía llevar a cabo para sobrevivir a la angustia de lo inexplicable: el paso del tiempo, lo insondable de una gota de agua y de todo el universo. El dolor, la codicia, la ira, y la muerte?
Actualmente, al menos en parte de lo que se denomina Occidente, lo laico se impone como sistema explicativo y lo religioso se ejerce en privado.
“También la oración como la carne, provoca escándalo”, recuerdo que escribió Vila-Matas, citando a Claudio Magris.
Tiendo a encogerme de hombros, ejecuto, sin saberlo, la posible respuesta sagrada a una pregunta pertinente:
¿La evolución tiene finalidad y propósito? ¿Es posible negarse al cambio?
Sebreli se arma de valor y analiza críticamente lo que denomina irracionalismo, postulándolo junto a integrismo y multiculturalidad ingenua como enemigos del humanismo racional, acaso la mejor estrategia adaptativa creada por lo mejor del ser humano, y para eso, con sorprendente destreza analiza críticamente desde el movimiento romántico hasta Foucault, sin olvidar a Schopenhauer, Nietzsche, Freud, los estructuralistas franceses y Lacan, y concluye que es uno de los más importantes causantes del actual relativismo moral en el que cualquier opción da igual ya que todas tienen el mismo valor.
Un verso exquisito de William Blake prefigura a Nietzsche y a Hitler y anula cualquier posible indiferencia:
“Una misma ley para el León y el Buey es Opresión”
Desmenuza el pensador argentino, página a página, los errores conceptuales y lógicos perpetrados por el irracionalismo y enumera las terribles consecuencias de ello (sin ir más lejos, lo que vemos cuando salimos de nuestro reparador escondite).
Advierte también que el riesgo de utilizar una expresión como “relativismo” podría ser aprovechado por sus críticos para relacionarlo con la teología de Ratzinger, o con posturas neoconservadoras.
El argumento usado por Sebreli es imaginativo y consiste en aplicar un principio lógico: que coincidamos en la conclusión no implica que partamos de idénticas premisas.
La etapa de libertades y derechos individuales, que Sebreli reivindica como centro del ordenamiento moral y jurídico y como sustituto racional de antiguas competencias religiosas, fue iniciada por Erasmo, Montaigne y Descartes, desarrollada por la Ilustración, Kant y los liberales ingleses y ejecutada por los austríacos (Krauss, pero también el Círculo de Viena y Wittgenstein).
Esos principios humanistas a reivindicar frente al irracionalismo, el integrismo religioso y el multiculturalismo ingenuo, serían grosso modo:
El único conocimiento posiblemente válido y presuntamente objetivo es el de la ciencia y la epistemología.
La Democracia, aún la más formal, es preferible a la más perfecta dictadura.
La Ley regula el conjunto de conductas individuales y corporativas, incluyendo los marcos legales de control de los mercados, y lo mismo que la Moral y la organización social, surge por consenso.
Libertad, Igualdad ante la Ley, y Justicia Social son sus fundamentos irrenunciables.
Que hable Sebreli:
“El pensamiento racional y crítico está hoy acorralado entre dos fuegos: contra los dogmatismos fundamentalistas debe reivindicar la libertad de expresión, el diálogo democrático, la pluralidad. A la vez, contra el relativismo debe admitir que no todas las opciones tienen idéntica validez; que hay algunos valores como la libertad y la igualdad, por encima de otros. Si se niega, como hace el relativismo, todo criterio de valoración sobre los distintos sistemas éticos, se terminan aceptando, en nombre de la tolerancia “multiculturalista”, opresiones, estupideces y crímenes característicos de determinadas identidades culturales. No se puede luchar contra injusticias particulares si no se cree en la justicia como valor universal”.
No es necesario recordar que en el siglo XX aprendimos que estos conceptos no son tan relativos o inconsistentes como podría postular el pensamiento irracional (¡hermoso oxymoron!).
Su ausencia ha permitido el mesianismo populista y sistemas políticos que generan Auschwitz y GULAG, o que permanecen patéticamente anquilosados, momificando vivos a los individuos que los padecen.
Kafka escribió sobre ello.
Me detuve, estaba un poco asustado.
Era obvio que todo el humanismo racionalista y su aplicación en un sistema político dependían del compromiso ético de los individuos. Sean políticos, banqueros, empresarios o trabajadores.
Pero ¿qué compromiso ético puede existir sin principios religiosos?
¿Qué valores guían la acción de esta sociedad?
Supuestamente, la educación libre, laica y gratuita debería formar seres éticos, instruidos y comprometidos. No es necesario decir que no ha sido así y que el actual relativismo manifestado como idiocia generalizada, es resultante no ya del fracaso del sistema sino de componentes que parecen esenciales en el ser humano: una cierta tendencia a igualar estupidizando, o de fomentar la corrupción quitando límites y marcos.
¿De qué sirven códigos penales o civiles si las leyes no se hacen cumplir?
¿Si las sentencias no se ejecutan?
¿Si los millonarios insolventes no dejan de sonreír mientras perdemos el tiempo refutando al irracionalismo?
Me detuve, pues, ¿adónde estaba yendo?
Era de día, el sol brillaba.
“Un tumor puede estar gestándose en mi interior y mi amada estar acariciando otra cara.”
Como si fuera un jesuita inmortal recitaba el horror posible para generar un pequeño éxtasis.
Entonces dejé de temblar.
El Futuro y el Pasado no existen.
Los recuerdos gratos son pequeños chutes de adrenalina que nos levantan el ánimo, y lo posible no es más verdadero que un unicornio.
¿Estaba padeciendo un fuerte brote relativista?
Respiro profundamente y veo caer la primera hoja muerta, anunciando el fin del verano.
La belleza como contemplación despojada de lo efímero genera coraje.
Y el coraje genera humor.
Y de humor y coraje necesariamente surge el amor.
Enunciados estos últimos sin más significado que un espasmo cerebral:
La súbita iluminación que nos transforma en la persona serena que con buen humor soporta la grosería y el miedo.
Como si hubieran bajado las aguas después de una tormenta que ya duraba quinientos años se pueden ver los restos de la antigua sabiduría: iglesias siempre incomprendidas y templos por primera vez esenciales, siendo ruina o pura estructura.
Y algún monje limpiándose de barro y musgo, preguntando:
“¿Sabe si hay algún restaurante abierto a esta hora?”
Era Fausto que al verme tan abstraído chocó conmigo adrede para generar sorpresa y surrealismo.
Me alegré de verlo y lo invité a comer.
Me moría de hambre.
A Joan López Ferré.
Gabriel Bertotti
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Los médicos tienen, o creen tener, un remedio para cada dolencia. Yo tengo un libro para cada una de mis dolencias. Hoy es domingo por la tarde, cuando la saudade me invade (estoy cada día más harto de los hombres. El pesar y el horror me martirizan. Los domingos y fiestas, esta pena se hace insoportable, aumenta. Hoy la siento con una fuerza inusitada) me administro una dosis de Pessoa (tratar la enfermedad con el mismo tóxico) a propósito de tu artículo: “Hay suplicios de la inteligencia como los hay del cuerpo y del deseo. El hombre perfecto del pagano era la perfección del hombre que existe; el hombre perfecto del cristiano la perfección del hombre que no existe; el hombre perfecto del budista la perfección de no existir los hombres.”
Gracias, Gabriel.
Joan López Ferré
"Sólo esta libertad nos conceden los dioses:
someternos a su dominio por propia voluntad.
Más vale que así hagamos porque sólo en la ilusión de la libertad la libertad existe.
Ni otro modo los dioses,sobre quienes el eterno hado pesa, usan para su calmo y poseído convencimiento antiguo de que es divina y libre su vida.
Nosotros, imitando a los dioses, tan poco libres como ellos en el Olimpo, como quien en la arena levanta castillos para llenar los ojos, levantemos nuestra vida y los dioses sabrán agradecernos el ser tan como ellos".
Siempre Pessoa.
La renúncia és alliberament. No voler és poder.
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Transeünts eterns per nosaltres mateixos, no hi ha paisatge tret d’allò que som. Res no posseïm, perquè ni a nosaltres no ens posseïm. Res no tenim perquè res no som. ¿Quines mans estendré vers quin univers? L’univers no és meu: sóc jo.
Cumpramos o que somos.
Nada mais nos é dado.