Articles sobre literatura escrits pels amics de la llibreria Món de Llibres.

FAUSTO | 14 Octubre, 2010 07:00
“Las cosas no son como las vemos sino como las recordamos”
Valle-Inclán
“No le dieron el premio al Viejo. Se burlaba pero seguro que le hacía ilusión.
Esa es la palabra clave.
La ilusión inútil, sana, por un sueño en el que no se cree. 
Aunque con los años, un nombre que en una época tuvo tantas referencias, (la calle Tucumán, Palermo, la Recoleta, las puertas de cancel, las brújulas, los raídos mapas) se hará austero, seco; ahora, lejos ya el siglo XX, Borges, es simplemente el Viejo, como Lao-tsé, un sinónimo de sabiduría sin premio y de búsqueda sin meta. El puro wu wei, como querían los sabios taoístas: actuar sin finalidad, hacer lo que haya que hacer sin placer ni obligación; matar sin odio y amar sin esperanza. De ahí que los comités suecos nunca hayan elegido su nombre, puesto que se premia al que muestra deseo de ser premiado, al que hace cosas “por cambiar el mundo”, al que se compromete por medio de su palabra con los pobres y oprimidos, al que denuncia tiranos. Pero también al mejor lamedor, al que perfila desde el comienzo de su carrera su literatura y su vida como acciones pertinentes a un premio.
-Muy bien.-dicen los señores suecos-Toma tu premio. Y lanzan un trozo de algo que el escritor perruno corre a recoger.
Premio Nobel es el nombre de una representación anual en la que nada falta: estulticia, como la manifestada por Cela bailando como una morsa arrebatada con la pequeña arribista - por esa falta de gracia una voz suprema debería haber rugido desde el cielo: ¡Premio anulado!-; cinismo, baste mencionar a ¡Kissinger!; absurdo, dos nombres sobran: Echegaray y Benavente; y así hasta el sinsentido..”
-No me gusta, manifestarías un rechazo demasiado evidente y enseguida se notaría que hay un prejuicio personal porque no se lo dieron al Viejo o a Cortázar o a Bioy. Lo que sería paradójico -me dice Fausto- porque, ¿aceptarías la validez del premio si se lo hubieran dado a alguno de tus maestros?
-Te olvidaste de mencionar a Nabokov, a Tolstoi, a Proust, a Kafka (éste, post-mortem) a Perucho, a Chesterton , a Greene, a..
El anuncio del premio a Vargas Llosa, me pilla surfeando en Son Serra. Por gestos distingo que mi compañera me pide que me arrime a la costa justo cuando venía la mejor ola.
Era Fausto, que me ordena que deje de perder el tiempo y me vaya enseguida a Nueva York a entrevistar al galardonado. Tres horas después estoy apretado entre una ventanilla y un respaldo releyendo al peruano y recordando que una de las frases que decidió mi pasión por los libros y la escritura era suya:
“La literatura es el aire que respiran mis pulmones”. Curiosamente, muchos años después, Toni Riera, escribirá que para mí escribir es otra manera de respirar.
Hablaré de lo que he leído:
Los cachorros, La ciudad y los perros, La Casa Verde y La guerra del fin del mundo son obras mayores, todas iniciáticas para los lectores y escritores de mi generación; La tía Julia y el escribidor y Pantaleón y las visitadoras, rompieron con humor y frescura erótica los rígidos cánones de la literatura sudamericana (antes lo habían intentado Macedonio y Borges, pero también Marechal, Cortázar y Bioy), allanando el camino a gente como Bryce Echeñique, o Jaime Bayly, que heredó una de las magias más sostenibles en Vargas Llosa: el oído para las infinitas variaciones del lenguaje hablado; Conversaciones en la Catedral, por último, es una de las mejores novelas escritas en el siglo XX; hay que ducharse y arreglarse un poco antes de entrar en ella y después flipar con la destreza técnica que un joven escritor de apenas 30 años manifiesta en esa obra única.
La historia de Mayta, El pez en el agua, La fiesta del chivo, etc, son perífrasis gloriosas o estables, de esas maravillas que surgieron de su pluma en la época del Boom. Época cuyo reinado compartía con su viejo compadre García Márquez y que acabó con la trompada que el peruano encajó en la cara del colombiano. Parece que hubo una mujer que alteró la conducta de los gallitos, que desde entonces se han enfrentado en silencio a través de sus seguidores, tema por todos conocido y en el que no me detendré. Y es que estos dos pavos reales, mezclando sabiamente a Faulkner con Hemingway y Flaubert, crearon una manera de narrar que como todas terminó estereotipándose hasta la extenuación: sólo así podría haber existido Isabel Allende, por ejemplo.
A las nueve de la mañana lo localizo leyendo ensimismado en la biblioteca pública en la que suele refugiarse. Me siento del otro lado de la mesa de caoba, justo frente a él. Soy el único que parece reconocerlo; cuando estoy por abordarlo recoge sus cosas y se pone de pie.
Sin asustarlo lo interrumpo, le cuento la razón de mi presencia y lo perentorio de hacerle algunas preguntas.
-Con una sola basta, ¿no cree?-me dice.
-¿Cuál es su Nobel preferido?-le suelto sin pensar en lo que digo.
-El que le dieron a Paul Newman en una película malísima de los sesenta.
Antes de reaccionar lo veo saliendo por la gran puerta donde lo espera un piquete enarbolando retratos de Evo o de un payaso venezolano, pero como no podía ser de otra forma no lo reconocen, e ignorándolo, lo dejan pasar.
Ya que estoy en la biblioteca y mediante un pequeño soborno pido el mismo libro que estaba leyendo el señor tan elegante que se acaba de ir. Mi júbilo estalla en una media sonrisa como las que pintaba Leonardo: es Elogio de la Sombra, del Viejo. Hay una hoja doblada, señalando un hito en el camino en el cual vale la pena detenerse. Leo furtivamente en Los Fragmentos de un evangelio apócrifo, la entrada marcada con la inconfundible tinta de una Montblanc:
Felices los felices
Esa es la clave para el artículo que me pide Fausto: la ausencia de culpa del que es feliz haciendo lo que mejor sabe, como un artesano que no busca mayor premio que la tarea bien hecha y que lucha por el conocimiento y la belleza sin esperar ni reconocimiento ni recompensa; así, el nuevo premio Nobel y yo, somos purificados al mismo tiempo en el acto de comprender que la única salvación posible está en no esperar nada y saber para los siglos de los siglos que “es la puerta la que elige, no el hombre”.
Gabriel Bertotti
Llibreria Món de llibres
C/ Major nº7
Manacor 07500
llibres@mondellibres.com
Telf: 971 84 35 09
| « | Febrer 2026 | » | ||||
|---|---|---|---|---|---|---|
| Dl | Dm | Dc | Dj | Dv | Ds | Dg |
| 1 | ||||||
| 2 | 3 | 4 | 5 | 6 | 7 | 8 |
| 9 | 10 | 11 | 12 | 13 | 14 | 15 |
| 16 | 17 | 18 | 19 | 20 | 21 | 22 |
| 23 | 24 | 25 | 26 | 27 | 28 | |
...como un artesano que no busca mayor premio que la tarea bien hecha.....
Gracias Artesano de Palabras!
Felices los felices!!!!!! :) ♥ !!!!
QUE OPORTUNAS PALABRAS,QUE OPORTUNO MOMENTO....QUE BENDECIDA OPORTUNIDAD PARA DISFRUTAR DESDE LO SIMPLE....!!!!!!!