Articles sobre literatura escrits pels amics de la llibreria Món de Llibres.

FAUSTO | 07 Març, 2011 11:59
Si en la rutinaria vida de Enjuto Mojamuto se repitiera el peor de los desastres y se cortara la conexión a Internet, sabría por trágica experiencia que de nada sirve "reiniciar el ordenador, encender y apagar el router, reiniciar el ordenador, llamar al servicio técnico, encender y apagar el router, reiniciar el ordenador, llamar al servicio técnico” porque la conexión tiene vida propia y viene y se va cuando quiere. 
Y si, sorprendiéndonos a todos, para soportar la angustia que genera la ausencia de Internet, Enjuto leyera un libro, ¿de qué editorial sería?
De Capitán Swing, respondería nuestro héroe digital, protegido por Michael Jackson y E.T.
¿Hay acaso mejor elogio a la necesaria existencia de una editorial que semejante elector?
Pues sí: publicar el canto de amor al tabaco de James Barrie, tan acertadamente llamado, Lady Nicotin, inolvidable para cualquier hombre, como las mujeres que les han traído problemas, agregaría Coco Chanel encendiendo el cigarrillo que Italo Svevo se fuma mientras escribe Del placer y del vicio de fumar que, años después, Enjuto, como posible alternativa al vacío de su vida, tendrá junto al ordenador, esperando el día aciago que se corte Internet. Si ya no se puede fumar habrá que leer libros que hablen del antiguo arte de inhalar tabaco (por cierto, Capitán Swing, también ha editado Mad Men. Reyes de la Avda. Madison, un espléndido libro acerca de la serie en que más y mejor se fuma).
Walter Kovacs utilizó a Rorschach para proteger su bondad.
Neil Gaiman se transmutó en Sueño (Sandman) para aceptar, por medio de un avatar, que sólo hay cambio o muerte.
Y Daniel Moreno hace navegar al Capitán Swing hacia Món de llibres para unirse, el próximo miércoles 9 de marzo, a la gira triunfal de los cuatro magníficos de Contexto, evento analógico, de carne y voz, que tendremos el placer de no retransmitir por Internet.
O tempora, o mores!
Gabriel Bertotti
FAUSTO | 03 Març, 2011 08:00
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ESTAU TOTS CONVIDATS!
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El tiempo del Lector
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“Pertenece a la cada vez más rara estirpe de los editores cultos, literarios. Y asiste todos los días conmovido al espectáculo de ver cómo la rama noble de su oficio- editores que todavía leen y a los que les ha atraído siempre la literatura-se va extinguiendo sigilosamente a comienzos de este siglo”.
E. Vila-Matas. Dublinesca
En tan sólo cinco años un grupo inesperado de editores independientes transformó el anterior principio apocalíptico en una consoladora plegaria atendida:
“Pertenecen a la cada vez más frecuente estirpe de los editores cultos, literarios. Y asisten todos los días conmovidos al espectáculo de ver cómo la rama noble de su oficio-editores que todavía leen y a los que les ha atraído siempre la literatura-se va afianzando sigilosamente a comienzos de este siglo”.
¿Editores que no sólo amen la lectura, sino que también consideren al libro como algo más que un simple formato?
¿Editores que hayan entendido que la verdad y la belleza deben ir siempre juntas, en las páginas y letras adecuadas, y que no hacerlo así sería como profanar un conocimiento muy antiguo, forjado en el silencio del manuscrito y del dibujo?
Sólo un fetichista entiende a otro fetichista. Y el libro es el máximo fetiche, el tótem de una tribu que contra todo pronóstico se sienta a leer despreocupadamente, desoyendo el aullido de la crisis.
El territorio que tan sabiamente cuidaron durante decenios Anagrama, Tusquets, Alfaguara y Alianza, ocultaba pequeñas joyas escondidas.
Para verlas había que adquirir una nueva orientación en la mirada.
Había que buscar entre los pliegues del territorio a Stella Gibbons o a Jean de la Ville, había que tropezar con Joan Lindsay, que antes no estaba allí, y con el más oscuro y fantástico Lem, que estaba pero que no lo sabíamos.
E Impedimenta lo supo ver.
Y descubrir que Fogwill era Mowgli bailando despreocupadamente en medio de la selva, que hay una extraña intensidad en Elizabeth Smart y que Gordon Lish además de corregir a Carver también escribía.
Y Periférica lo supo ver.
Y que aún quedan inesperados inéditos de Vonnegut, o desconcertantes juegos dialécticos de Karényi o Hillman.
Y Sextopiso lo supo ver.
Y que la literatura cincelada por el viento en el hielo puede ser más abstracta que la matemática y tan contundente como el vodka (Sjón, Thor Vilhjálmsson) y que Flann O’Brien existía, más allá de la mente de Borges o Pitol.
Y Nórdica lo supo ver.
Saber ver es iluminar un territorio oscuro.
Y editar es una manera de dar a luz, compartiendo los nuevos himnos a los viejos dioses.
Editar es difundir una intuición.
Es sistematizar una improvisación generada por un matiz o por la ausencia de una coma.
No puede haber éxito, en empresas tan inciertas como las que emprendieron estos arriesgados editores, sin un imperativo claro e irrenunciable: la coherencia del catálogo y de la iconografía.
Coherencia manifestada en el constante hecho de no subestimar jamás al lector, purificando su inteligencia con la más alta calidad literaria y el más adecuado acabado artesanal.
Ser dignos de la tradición manifiesta en la obra más simple y total creada por el hombre: el libro.
Impedimenta, es por sobre todo, Enrique Redel.
Nórdica, donde confluye la nieve y el silencio, es Diego Moreno.
Periférica, es la manifestación tridimensional de Julián Rodríguez y de Paca Flores.
Sextopiso, se afianza en España de la mano de Santiago Tobón.
Y para que la paradoja que modifica lo ya escrito por Vila-Matas sea aún más sorprendente, a las ya mencionadas editoriales, se suman otras tres, Libros del Asteroide, Ediciones Barataria, y Global Rhythm, para asumir el número 7 y el adjetivo magníficos, formando el colectivo de editores CONTEXTO, Premio Nacional a la mejor labor editorial cultural 2008.
“Contexto es un ámbito tanto de reflexión y encuentro como de promoción conjunta y de “definición” de nuestras propias señas de identidad en contraste y a la vez cercanía con otros proyectos literarios amigos”, tal como lo define, Julián Rodríguez, de Periférica. Y agrega, sin dejar de sorprendernos: “Tenemos, además, una excelente relación con otras editoriales, tanto grandes como pequeñas o minúsculas, y eso nos hace especialmente felices: sabemos que muchas de estas últimas nos ven como compañeros de viaje y no como competidores. Siempre hemos colaborado con aquellas otras editoriales que nos han pedido ayuda o complicidad para cualquier proyecto”.
Ampliar la mirada conduce necesariamente a ampliar la mente.
Conduce a ser definitivamente modernos, evolucionando en la interacción constante generada por la búsqueda de la excelencia, aceptando el beneficio que garantiza la independencia y trabajando en un grupo que se define por la alta calidad del producto individual y el compromiso con la felicidad del consumidor final, que ante el hecho evidente del posible cambio personal generado por un libro, trasciende las categorizaciones del mercado y se transforma en otra cosa.
Porque todos sabemos que comprar un libro es mucho más que comprar un libro.
Editar, visto de esta manera, deja de ser una simple operación comercial y se transforma en una manera de creación motivada por el entusiasmo, aquel instante infinito en que el dios se expresa con voz humana.
Es cumplir el sueño de Riba, el editor imaginado por Vila-Matas en Dublinesca,
“Sueña con un día en el que puedan respirar de nuevo los editores literarios, aquellos que se desviven por un lector activo, por un lector lo suficientemente abierto como para comprar un libro y permitir en su mente el dibujo de una conciencia radicalmente diferente a la suya propia (..) Estaba pensando en la llegada de nuevos tiempos que traigan esa revisión del pacto exigente entre escritores y lectores y sea posible el regreso del lector con talento”.
Impedimenta, Nórdica, Periférica, y Sextopiso vienen a Món de Llibres a confirmar que el tiempo del Lector ha llegado.
Gabriel Bertotti
FAUSTO | 24 Febrer, 2011 08:00
És molt probable que Roman Polanski no hagi llegit, encara, el relat de Robert Aickman titulat En las entrañas del bosque. D’haver-ho fet en qualque moment de la seva vida -i si el meu olfacte cinèfil no em falla- estic segur que el gran director polonès ja s’hagués plantejat seriosament la possibilitat d’adaptar-lo al cinema. Si l’any 1968, per exemple, acabades d’estrenar The fearless vampire killers i Rosemary’s Baby, Mia Farrow li hagués regalat a Polanski Sub Rosa: Strange Tales potser avui en dia estaríem parlant d’una imprescindible trilogia vampir-satànica-sonàmbula. El nou llibre d’Aickman era la novetat perfecta per un cineasta que, en breu, seria capaç d’escenificar una obra tan pertorbadora com Le locataire chimèrique de Roland Topor. Sembla, doncs, que només era qüestió de temps que En las entrañas del bosque, ambientat en un sanatori per insomnes, arribés a les mans d’un tipus tan enrevessat i obsessiu com Polanski. Malgrat tot (mentre la pobra Tess plorava damunt les pedres de Stonehenge sabent que tot és vanitat) el temps va passar i el destí, disfressat de pirata desafortunat, ens ha seguit negant el tresor que suposaria aquesta producció.
Adaptar els contes d’Aickman a la gran pantalla és, a dia d’avui, una assignatura pendent. Mentre llegia Cuentos de lo extraño no podia deixar d’imaginar quins dels directors que més admiro podrien haver-ho fet amb certa garantia d’èxit. És innegable que les ficcions d’aquest escriptor, de prosa refinada i profunda simbologia, tenen quelcom de cinematogràfic. A més, com passa sovint amb el cinema de veritat, les imatges que Aickman aconsegueix evocar se’ns queden gravades dins la memòria per molt de temps. Un no sap si allò que llegeix és l’evolució lògica de les fantasies d’altres escriptors que el precediren o és la font, cronològicament impossible, de la qual alguns dels millors autors begueren. En aquest sentit, i gràcies al que confio que sigui una primera tria de l’editorial Atalanta, descobrir Aickman ha estat per mi (amant dels contes de terror i de ciència-ficció) tot un plaer.
Seguint el fil encetat amb el tema de les adaptacions, és evident que, per varis detalls força significatius, el relat titulat Los trenes (1951) és una història Hitchcockniana pel fet que reuneix molts dels elements que tant agradaven i obsessionaven al mag del suspens. En primer lloc, els trens que mai no s’aturen de passar (de tots és sabuda la importància que aquest mitjà de transport té al llarg de la seva filmografia). En segon lloc, tenim un casalot gòtic i imponent dominant un paisatge inhòspit. Aquest tipus de mansió, evocadora d’un passat esplendorós però immersa en un present de decadència, anticipa, de qualque manera, la casa sobre el turó de Psycho (1960). De la mateixa forma, el majordom, amb tendència a transvestir-se, anticipa un alienat Norman Bates. Per acabar, com no podien faltar en els films de Hitchcock, tenim els personatges femenins (sempre per duplicat) que es veuran abocats en una situació límit. La tensió sexual mai resolta, barrejada amb l’ambigüitat de la narració, dóna joc a tota mena d’interpretacions i converteix aquest relat en un dels més visuals del llibre. Dels directors moderns, crec que només David Lynch podria arriscar-se a filmar unes escenes tan suggestives. Una altra tema seria el resultat que en sortís de tot plegat.
L’adaptació de Che gelida manina podria haver estat un projecte ideal per Francis Ford Coppola sempre i quan l’hagués començat just acabat el film The conversation. En aquells moments, el genial director, dominava el to narratiu que considero més adequat per al relat d’Aickman. Fins i tot hagués pogut mantenir Gene Hackman en el paper protagonista principal. A més, l’obra seria recordada per tots si Ray Bradbury hagués firmat el guió. Descartant Coppola i posats a cercar un director més actual, em ve al cap David Fincher, sobre tot després de visionar l’obsessiva Zodiac.
Canviant de plana, i també de relat, crec que només un artesà com Robert Wise hagués sabut enllestir La habitación interior. Gairebé puc imaginar-me els traveling impossibles (a l’estil Audrey Rose o The Haunting) que faria tot voltant l’exterior de la casa de nines. Llavors, la càmera, guaitaria per totes i cada unes de les finestres i ens desvetllaria les inquietants escenes que tenen lloc rere els vidres. Tinc la sospita que Robert Aldrich, si estigués tan inspirat com quan va filmar What ever happened to Baby Jane?, també hagués pogut lluir-se amb aquesta història, inclús dotar-la de més profunditat i foscor que Wise. Tim Burton és una altra alternativa, però potser la cosa li fugiria de les mans en arribar al desenllaç.
Quan pens en els esdeveniments descrits a Nunca vayas a Venecia, automàticament em ve al cap un relat de Julio Cortázar titulat La barca o la nueva visita a Venecia. Llavors, recordant que avui només parlava de cinema em torn a posar en el paper de productor i em plantejo (un cop descartat Robert Mulligan per raons obvies) si seria més adient, en aquest cas, contractar a un popular Shyamalan o a un desconegut George Sluizer. Finalment, fent memòria, pens en la genial Don’t look now (adaptació d’un relat de Daphne Du Maurier) i en tot allò que la pel.lícula implica. Decideixo, sense dubtar-ho, que Nicolas Roeg és el director que necessit ja que fou ell i Thomas Mann els que m’explicaren que el destí sempre ens esguarda a Venècia.
He deixat per l'acabament el més difícil de tot: trobar algú capaç d’adaptar El vinoso ponto. Si no, llegiu el primer relat de Cuentos de lo extraño i sabreu de què estic parlant. Tanmateix, després de pensar-ho una bona estona, he arribat a la conclusió que no hi ha cap director dels moderns que volgués, en primer lloc, i que sapigués, en segon, traspassar a la gran pantalla un conte com aquest. Hi ha històries que són filles d’un altre temps i que pertanyen a un altre lloc. Narracions mitològiques que semblen enfocades a una altra generació que res té a veure amb l’actual. El vinoso ponto és una d’elles. Idònia per Joseph Mankiewicz. Imagineu quina obra més estranya i captivadora ens hagués llegat un senyor dotat de la seva elegància. És com si el veiés fumant la seva pipa i visitant les localitzacions abans de començar el rodatge. Desembarcant al moll i pujant a peu les envellides escales que porten al paradís de les tres Gràcies; transitant les fresques estàncies de la casa i enquadrant amb la seva mirada les escenes d’amor que, amb tanta subtilesa, mai no s’atreviria a filmar; Mankiewicz assegut vora l’aigua, cavil.lant i contemplant la terra llunyana on s’acaben els mites, com si fos ell el vertader protagonista de pel.lícula sabedor que el cinema també és un bocí de la nostra realitat. Llavors, dins el silenci que restaria a la sala després de contemplar una obra mestra, segur que no ens passaria desapercebut el nom de Bioy-Casares entre els guionistes. Qui sap? diuen que no hi ha temps que no torni. De moment ja ha arribat Robert Aickman.
Fausto Puerto
FAUSTO | 17 Febrer, 2011 08:00
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Dimecres 23 de febrer a les 20:00 hores a
Món de llibres
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Conferència de Ponç Pons.Escriptor de l’Any 2011
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Presentació a càrrec de Bernat Nadal*
Estau tots convidats !
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Aprofitant la visita del poeta menorquí a la nostra llibreria, recuperem el fantàstic article de Llorenç Carreres que ja publicàrem en aquest mateix bloc
Nura. Escriviure, malgrat tot. Un gran poema
Sense paraula no hi ha vida, encara que el poeta, amb cinquanta anys a l’esquena, ha après que la vida és més important que la literatura. En tot cas, l’aprenentatge deu haver estat dur, perquè el bagatge literari de Ponç Pons (Alaior, 1956) és difícilment superable.
Nura, tractat d’enyor, representa l’evocació –potser l’últim adéu– de la Menorca miticoparadisíaca que el poeta va viure a la infantesa; una Menorca que tenia els seus defectes, però que no havia patit els estralls de l’especulació i el turisme de masses i a la qual Pons vol tornar:
Sé que hi ha llocs d’exòtics paratges de faula
però jo vull tornar al meu Son Bou d’infantesa
El paisatge de Menorca, l’antiga Nura, que els menorquins no han sabut valorar (Insensibles al do immerescut de ser illencs / no hem sabut que érem rics d’un edènic paisatge), és present a tot el poema. Nura neix de la necessitat de superar l’enyor produït per la pèrdua de la Menorca d’antany, univers òbviament irrecuperable. Al final del camí, només li resta la llengua en la qual perdura el record. Llengua i terra van lligades. Les paraules representen, simbolitzen, i la Menorca –o la Mallorca, tant se val– que perd els referents lingüístics i geogràfics tradicionals mai no tornarà a ser la mateixa. Així, doncs, es constata la desaparició d’una cultura que el poeta, quixotesc, vol salvar. Tanmateix, s’imposa el pessimisme (l’únic retret que jo faria a Pons) del no-hi- ha-res-a-fer.
Sols podem evocar allò perdut amb els mots
com diu Faulkner triar entre tristesa o no-res
El poeta verbalitza el trauma, li dóna forma mètrica en versos dodecasíl.labs de ritme prodigiós i el divideix en set parts. Sorgeix, així, Nura, poema fet ritual on Ponç Pons reflexiona en veu alta i enfila els versos de manera magistral, tot juxtaposant àgilment els temes, lligant les reflexions, filant cada cop més prim, ajustant el sentit. Perquè Nura no és un simple plor per la pèrdua del paradís. Nura és un poema global, un exorcisme sorgit de l’experiència vital i literària que s’endinsa en l’ànima de Pons. Cal, doncs, que aprenguem el joc que ens proposa el poeta i que (re)llegim amb cura els versos per poder copsar la diversitat profunda del poema. Temes d’actualitat, d’interès polític i mediàtic (guerres, ecologia, immigració, corrupció), són passats pel sedàs particular de Pons, juntament amb reflexions i imatges poètiques de caire més íntim sobre cinema, filosofia, literatura, amor, sexe, religió...
Com ja hem esmentat, llengua i paisatge ocupen un lloc preeminent a Nura. Hem d’afegir-hi la preocupació per la pròpia literatura, per la funció i el sentit de la poesia. Per a Pons, escriure és un compromís de primer ordre. El poeta no pot escriure des de la torre d’ivori (Compromès a través de la tinta no vull / creure que són normals el dolor i la misèria).
Com diu el també menorquí Joan F. López Casasnovas, Ponç Pons és un artista compromès que pateix pel desordre i el caos (corrupció, mentida, malvestat...) que proliferen arreu i que, per açò mateix, exclama: «En el fons del meu cor jo sóc un anarquista, què punyetes!».
Ha aparegut una taula de salvació, la ironia que permet un distanciament respecte del propis pensaments i certeses. De vegades, Pons és irònic, provocatiu, burleta (Literari i humà el meu món no és d’aquest regne). Sempre lúcid, deixa, romàntic (rescrivint revoltat a l’absurd), una porta oberta a l’esperança més enllà de la literatura.
FAUSTO | 10 Febrer, 2011 08:00
"Por mucho que Monsieur Sartre me diga que soy miserable, víctima de mi condición humana (tal como LaSalle decía en los comienzos del marxismo: “En primer lugar hay que convencer al obrero de que es un desgraciado”), estoy decidida a ser feliz sin necesitar ese veneno cotidiano, recientemente inventado, llamado felicidad."
Estaba varado en el aeropuerto, la nieve impedía la salida. 
En el kiosco sucedió un milagro y encontré un libro de Paul Morand.
Había escuchado muchas veces ese nombre. Sabía que era un poeta francés de la época de Blaise Cendrars. Se lo mencionaba con admiración en Libro de réquiems y en El esnobismo de las golondrinas. Los dos libros de Wiesenthal que cambiaron mi comprensión del término esnob, que sin perder del todo una cierta carga negativa, dejó de referirse exclusivamente a papanatas arribistas que siguen ciegamente la moda y que se recargan de aptitudes y poses artificiales, para referirse a esos raros individuos que desafían lo correcto, marcando con ironía el lugar común. Eso me agradó. Cínicos que descreen de abstracciones e ideologías y que relacionan la bondad y la verdad con la belleza y el humor. Según esta definición es tan esnob el Nabokov que despreciaba la revolución rusa mientras cazaba mariposas como aquel crítico francés citado por Gaignault, en el Diccionario de literatura para esnobs, de la imprescindible Impedimenta, que se vanagloriaba de no haber leído a Marguerite Duras o a Michel Foucault porque usaban jerseys de cuello vuelto.
Lo curioso con los esnobs es que muchas de las actitudes u opiniones que en su momento resultaron chocantes, con el tiempo se hacen exactas. Además nunca cometen la torpeza de tomarse demasiado en serio y, como ha sucedido desde Lao Tse, parece como si hubiera que obligarles a hablar o escribir, de ahí que las manifestaciones esnobs por excelencia se encuentren en las líneas marginales de la literatura: el comentario paradójico o aforístico, el libro de viajes desganado y digresivo y los breves pensamientos de lógica hiriente, que siguen atacando la pereza implícita en el lugar común y la soberbia filistea del comisario cultural, desorientado ante la impúdica mezcla de lo ambiguo con lo frívolo.
Ambiguo: indiscernible.
Frívolo: (Dicho de alguien): En su grado positivo: que percibe claramente que el tiempo es un conjunto de instantes fugaces y actúa en consecuencia. En su grado negativo: un idiota.
Había leído de Morand, Venecias. Fue un descubrimiento. Algo milagroso que pasa pocas veces. Gracq. Quignard.
De ahí que leyera todo el librito que encontré en el aeropuerto en menos de una hora. Intenté hacerlo durar más tiempo, para matizar la espera, pero no pude. Detenerme, imponer un fin práctico al placer más puro, no sólo sería una grosería sino también una indecencia.
Pocas actividades entrañan más carga moral que la manera en que se lee un libro.
En la sala de espera había un cartel que anunciaba una exposición fotográfica de Lagerfeld.
“Hay una especie de justicia poética en el hecho de que Karl Lagerfeld haya sido director creativo de Chez Chanel”, pensé. ¿O no fue Coco Chanel la que dijo que al infame marica nada le parece suficiente para vengarse de la mujer?
Era de la vieja escuela. Previa a las aburridas épocas de corrección política.
Fue pobre. Fue huérfana. Fue maltratada. Fue puta. Fue inmensamente rica. Maltrató. Se recluyó como una virgen morfinómana. La aristocracia trabajaba (¡!) para ella. Trabajó toda la vida. Participó destacadamente en la destrucción del imaginario pequeño burgués francés del que hablaban Balzac, Flaubert y Zola, sin reclamarse artista, sin creerse inteligente y sin perder la sagrada ira que transformó una manera de vestir mezcla de baile de disfraces y sesión de tortura en otra en que la ropa era no sólo una cómoda extensión de la piel, sino también y por sobre todo la más clara y primaria manifestación personal.
Pero, y a pesar de reconocer sus innovaciones cada vez que salgo a la calle, los bolsillos en los trajes y en las faldas, el collar y los pendientes de perlas, las chaquetas y los blazers, el jersey, los zapatos con suela de corcho, el bolso que se lleva en bandolera, el color negro y el color blanco, la mística del 5, el cabello corto a lo garçon, los sombreros que se pueden poner, y de tener en cuenta cuando intento escribir o leer sus dos célebres axiomas: "la simplicidad es la clave de la verdadera elegancia y la moda se pasa de moda, el estilo jamás", es el crudo resultado, entre cruel y humorístico, entre escandaloso y exacto, de sus recuerdos y reflexiones, lo que me ha impactado.
Esa tarde, en el aeropuerto, un libro misterioso me fue concedido, en las mismas circunstancias de su concepción: la persistencia de la nieve.
Las confesiones que Gabrielle Bonheur, alias Coco Chanel, le hace a Paul Morand en el invierno de 1946 en Saint Moritz; alejada de su trabajo y de París, acaso para siempre, fumando sin parar, que Morand anota cada noche cuando regresa a su habitación. Y que treinta años después organiza y redacta como libro, su último libro.
Un diamante en bruto tallado por un orfebre invisible.
Dos seres, frívolos, que conversan, apenas molestos por la incomodidad más que metafórica de la ropa interior manchada, que sin embargo confiere una tremenda contextualización a sus ambiguas y clarividentes palabras.
¿Quiénes se exiliaban o trataban de ocultarse en la Europa de 1946?
Morand fue embajador de Vichy en Rumanía.
Chanel fue amante de un oficial de las SS de ocupación en París.
El ruiseñor que hace caca en la rama del almendro.
Ya no nieva.
Gabriel Bertotti
Llibreria Món de llibres
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Manacor 07500
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Telf: 971 84 35 09
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